Arte asirio. Los "lammasu"

            Publicado por Álvaro Ferré Galvañ 

Arte asirio. Los "lammasu"

Tal como afirma Matesanz (s.f., p. 2), en el contexto artístico asirio, la escultura sería la manifestación más desarrollada de todas. Se llevaba a cabo a partir de materiales como la piedra, el mármol o el alabastro yesoso, a menudo complementados con pinturas elaboradas y su función fundamentalmente propagandística apuntaba a exaltar la imagen del monarca, donde las sobresaldrían las temáticas relacionadas con la guerra y la caza en lugar de aquellas con motivos religiosos. 

Imagen 1. Escultura asiria (parte de la cabeza)


También, Matesanz (s.f., p. 2) apunta que la escultura asiria se caracterizaba por varias cualidades distintivas. En primer lugar, se destaca la representación predominante de las figuras en tres cuartos. Además, aparece un fuerte énfasis en captar el movimiento, particularmente notorio en la representación de animales en comparación con las personas. Estos relieves también tienen un carácter altamente narrativo, a menudo transmitiendo historias o eventos. Por otra parte, Se busca un alto nivel de detalle en la ejecución, lo que a veces puede llevar a cierto convencionalismo en la representación de elementos corporales. También se da mucha importancia a la representación de animales, os cuales se exhiben con gran realismo y marcadas formas anatómicas. Por último, se observa una tendencia creciente a incorporar elementos paisajísticos.

Si bien la escultura asiria es amplia, en esta entrada nos centraremos principalmente en los toros alados o "lammusu", que, como señala (Guillem, 2015, p. 56) eran estatuas representadas por "inmensos hombres-toro alados, con el cuerpo de toro, alas de águila y cabeza de hombre, fieles guardianes de las puertas de entrada de las ciudades asirias y de los palacios de sus reyes entre el 1812 a.C y el 609 a.C".

Imagen 2. Escultura de lammasu asirio



Al observar la imagen 2, aparece un detalle interesante, y es que es aquí donde comienzan a intervenir en la historia los personajes mitológicos. Ya no se habla de un rey, un héroe o un campeón; sino que el ideario social ha sido capaz de construir un personaje que no existe, y que a pesar de poseer una cabeza humana, dispone de otra serie de habilidades que son comunes en otros animales conocidos por la sociedad - como el vuelo del águila o la robustez y furia del toro o del león - y que, permiten potenciar la figura. 

"El lammasu o toro alado, es una de las primeras representaciones que nos sugieren la fusión entre algo semidivno con la figura humana" (García, 2021, p. 148). Se puede afirmar que sería una de las figuras pioneras en este ámbito, que aparecería posteriormente en otras civilizaciones y culturas. Un ejemplo, podría ser la representación en la cultura griega de una mujer con serpientes en la cabeza, la cual era conocida como Medusa.

Imagen 3. Pintura "La cabeza de Medusa" por Rubens


Los lammasu, a su vez, tenían una función un tanto mísitca. Los asirios creían firmemente en la existencia de espíritus, donde había una parte que eran considerados malignos y estaban presentes en todas partes del mundo. Báez (1999, p. 99) señala que "los llamados siete espíritus del abismo eran considerados los más peligrosos, identificándoles como causantes de todas las enfermedades". A su vez, el mismo autor propone una transcripción de un antiguo texto asirio en relación con el exorcismo:

    Siete son, siete son, en el abismo subterráneo, siete son. En las entrañas de los abismos subterráneos crecieron, ni del sexo masculino ni del sexo femenino... Ellos son los torbellinos destructores, esposas no toman, hijos no engendran, no conocen la piedad ni la compasión, no escuchan ruegos ni pedidos... Son caballos nutridos en las montañas, son hostiles a Ea, son poderosos entre los dioses, se cruzan en el camino y causan desgracias. Ellos son malos, son malos... Siete son, siete son; una vez más, siete son.

Las palabras del texto, sin duda alguna, evocan una sensación de misterio y temor que crean una atmósfera oscura y siniestra. Ante la presencia mísitica de este tipo de entes, la sociedad asiria buscó elementos protectores. En este caso, los lammasu serían uno de ellos, tal como afirma Vázquez (2006), cuando afirma que "sus funciones eran las de proteger al hombre, defendiéndose del mal y llevando sus presentes y sus homenajes a las divinidades". Además, esta autora añade que solían situarse en las entradas de los templos. 

Imagen 4. Lammasus de Jorsabad custodiando una entrada


Fuente: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgG3PT1wlA5bVa2hOvXi57Y00E6SuHq4XYflK4OvHX4VRNIDk1LqIOoIDWpmlHo3GeKQz7D3me7KjXibIlnEA6gYTh5IKnO8TOtA40KACaIUHQvb_SimDiVEpoBTgyx4DoinotJIS1aYPzd/s1600/Lammasus_Jorsabad.jpg



Bibliografía

Báez, F. (1999). En torno a la genealogía del demonio cristiano. La Palabra y el Hombre, (112), 93-120. https://cdigital.uv.mx/handle/123456789/812 

García, G. (2021). Los elhoim, caídos y nephilim. Arquetipos, simgología e iconografía del mito narrativo y literiario del ángel. Cuadernos para la investigación de la literatura hispánica, (44), 137-156. https://revistas.fuesp.com/cilh/article/view/128 

Guillem, X. (2015). Sobre la diversitat cultural.  Arts: revista del Cercle de Belles Arts de Lleida, (40), 54-57. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5131563 

Matesanz, (s.f.). Arte Asirio. Historia del Arte Universal. Universidad de Burgos.


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